martes, 11 de agosto de 2015

El poderoso caballero

Y en mi mente se cruza todo lo visto con todo lo vivido, todas esas almas si es que tal cosa existe, todas esas personas que montaban en su coches más o menos lujosos, que iban a sus trabajos más o menos buenos, que luchaban por un sueldo mejor o peor, que peleaban cada mes por terminarlo lo mejor posible... Todos ellos estaban muertos.

Desde ese avión, esas personas habían tenido tiempo al menos de pensar en toda su vida, en todos los momentos mejores o peores que habían vivido, que habían sentido, aunque solo unos instantes habían comprendido que la muerte se acercaba, que no era una cosa que ya pasaría sino que iba a pasar en  breve.

Su muerte, sus imágenes, sus recuerdos, sus vidas, iban a desaparecer en breves momentos, y nada importaba el dinero que habían gastado en los pasajes, ni importaba el dinero que habían costado esas tres torres de Madrid, ni las dificultades que tenían para pagar las empresas que en ella tenían su residencia fiscal.

Nada importaba si Antonio Fernández no había logrado los objetivos de venta, o si Pepito Perez ese día había sido despedido, nada importaba si Beatriz Sánchez no había pagado la letra de la casa, o si Gerardo iba a ser embargado, a nadie le importaba ya si el IPC se desplomaba o si por el contrario la economía iba viento en popa...

Todos esos conceptos del pasado lo único que hacían ahora era sonarme como meros cuentos, como las guerras por honor, o las batallas con disciplina. Todo era una gran broma que nos había costado la existencia.

Quién sabe cuantos miles habríamos sobrevivido, quien sabe como podríamos hacer para volver a ser humanidad, quien sabe si podríamos volver a reunirnos todos. Todo era una gran pregunta, y todo lo que tenía que ver con el dinero me parecía ahora una gran broma, una bofetada del destino.

Ese gran equilibrio logrado con años de historia, logrado con años de guerras ahora no significaba nada ya que ahora no había suficientes humanos para luchar por el oro o por el petróleo.

Este argumento era el que me hacía pensar que jamás iba a pasar lo que había pasado, porque al pasar esto pasaba como en aquella cita: la situación era primero preocupante pero no desesperada, pero ahora ya era desesperada, aunque ya no preocupante...

Un mundo en ruinas y un montón de pensamientos, eso era mi legado, el legado de este mortal encerrado en cuatro paredes, y que no quería saber más de momento...

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