Cuando la primera vez un hombre tuvo el control del fuego seguro que se sintió superior a todos los hombres, y seguro ser pensó que en esta ocasión , u momento.
Al aprender a controlarlo seguro que vio muchas más ventajas, y vio que podía cocinar, y que lo podía usar para defenderse, para iluminar la noche, para terminar con sus enemigos y con sus miedos.
La primera vez que vi el fuego me hipnotizó, y cuando me quemé sentí su poder, y luego aprendí a respetarlo y a saber cuidarlo y usarlo, a cocinar con él, y a usarlo para ver en la noche oscura.
La primera vez que vi una explosión nuclear, entendí su poder de destrucción, entendí que la forma en que desintegra los átomos no hace distinciones, que en una explosión nuclear no hay aliados, ni amigos, ni enemigos, ni espias, cuando la bomba explota solo hay muertos, o casi muertos, solo hay polvo radiactivo, y muy pocos lugares para esconderse, muy pocos lugares donde estar a salvo.
Si te pilla debajo o a menos de dos kilómetros estás muerto en instantes, si estas algo más lejos al menos verás como empieza el apocalipsis, pero morirás en segundos, si estás a más de diez kilómetros a lo peor lo has visto subiendo, saliendo de la nada un hongo y una luz cegadora que avanza hacia ti, como en una película, como en el día después.
Puede que en ese momento no mueras, pero estas condenado, estás viendo como esa luz te enamora pero te va a consumir, y solo tienes unos instantes para sobrevivir...
La primera vez que vi las imágenes de esa consola me quería morir, las primeras imágenes venían de un móvil, estaban en un avión, sobrevolaban El Escorial, y de pronto a lo lejos esa luz en el suelo, en el centro de la zona que corresponde a Torrejón, esa luz cegadora, que iba directa hacia la ciudad de Madrid, y que llegaba a hacer caer los rascacielos, las cuatro torres de Madrid, y seguía en dirección a ellos.
Luego el sonido de la emergencia en el avión, el grito de los pasajeros, y un te quiero sordo, un mensaje y una oración...
Más tarde, el silencio, el fin de grabación.
Cinco minutos asimilando aquel horror, cinco minutos en los que no pude parar de llorar, en los que de pronto después de tanto tiempo comprendí lo que había pasado...
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