Al ir caminando como todos los días en mis cuatro paredes, de pronto me apeteció dibujar, algo que no comprendí en el momento, ya que nunca se me ha dado bien. Sin embargo lo único que tengo en este agujero es tiempo, mucho tiempo.
Las líneas se cruzaban en el papel y aquella montaña de mis recuerdos se empezaba a plasmar, ese cielo azul, los arboles, los pinos hacia el cielo y al fondo ese pico, esa antigua cantera de piedra, de granito, y ese olor a recién llovido, y ese recuerdo de mi mismo mirando al infinito y recordando el infinito.
No era otra cosa que el recuerdo, las cosas eran tan bellas con esa edad, todo era nuevo, y a al derecha la presa, esa presa llena de agua y tan antigua, como la vida, llena de ilusiones y solo con una salida, solo con el fluir del tiempo.
Ese dibujo nunca fue tan oscuro, aunque quise darle luz ya no tiene luz, aunque quise recordarlo como aquel momento ya no es un recuerdo, ya no queda nada de lo que era, y si queda... ¿Y si queda?
Ese lugar esta a cien kilómetros, a lo mejor no allí no ha llegado la radiación, a lo mejor allí todo está bien, además allí ahí vacas y cabras, y hay sembrados, tal vez deba ir allí, como en el sueño que tuve, con cientos de personas caminando hacia allí.
Solo tal vez, ese sea el camino que pueda tomar, en busca de ese agua, de esa comida, pero se que tengo que esperar un poco más, se que aún es pronto para salir del bunker...
No hay comentarios:
Publicar un comentario