Lo cierto es que antes de que todo esto comenzara la vida era normal, las cosas sucedían según lo que era costumbre. Me levanté como siempre, desayuné y en esta ocasión me fui al centro de Madrid a dar una vuelta.
Habían comenzado las rebajas y me apetecía mucho dar una vuelta por la zona de informática para ver como estaban de precio las tablets, ya que la mía ahora estaba un poco anticuada. De manera que entré en el metro y me dirigí hacia la estación de Callao para ver lo que había en el Corte Inglés.
Me di una vuelta por toda la zona y cuando iba a entrar en el centro comercial sonaron las alarmas, nunca pensé que ese sonido fuera tan aterrador ni que esta ciudad tuviera esas sirenas puestas... Entonces fue cuando vi que la puerta se abrió, al final de la calle, al lado del metro se levantó un muro y dio paso a una especie de tobogán.
No dudé porque algo me decía que esa era la única forma de escapar, que eso estaba ahí para mi... Y me introduje por una especie de caída libre, no se el tiempo que estuve cayendo pero estoy casi seguro que al menos descendí unos cien metros.
Y así empezó todo, así llegué al fondo, a estas cuatro paredes, y por eso pienso que aunque pocos algunos más habrán sobrevivido.
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