Lo que no podía imaginar es que en el mundo real nadie supiera nada de todo esto, y cuando veía las noticias, cuando veía como las cosas en China se iban complicando, empecé a pensar que debía poder hacer algo, que tal vez al menos debía intentar algo.
Pero siempre he pensado que un hombre no puede marcar la diferencia, y no sabía tampoco cómo marcarla, cómo empezar algo, cómo hacer que la pelota empezara a rodar. Sin embargo si que sabía que había algo que podía hacer, igual que antes los que ellos llamaban locos escribían cartas o libros, yo mandaría una carta a las organizaciones y países más importantes para que intentaran frenar esta opción, para que ese mundo posible en el que las cosas ya habían terminado no llegara a ser.
Empecé con la O.N.U, seguí con Estados Unidos, Rusia, China, España... Yo sabía que era muy difícil de creer, que era casi imposible que ellos tomaran en cuenta mis extrañas cartas, esas letras ni siquiera manuscritas que llegaban a sus servidores.
Lo peor es que luego pensé que tal vez fueran a pensar que a parte de loco fuera peligroso, y estuve mirando por detrás de mi espejo en varias ocasiones, viendo como algún coche se repetía varios días en mi trayecto habitual...
Llegué incluso a cambiar mi trayecto para que pensaran que les había visto y algunas noches me despertaba pensando que tal vez iban a entrar de sopetón en mi casa.
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